viernes, 12 de septiembre de 2008

10 AÑOS DE INJUSTICIAS


Palabras pronunciadas por el Dr. Alfonso Torres Ulloa, en el acto celebrado en el Altar de la Patria, en Santo Domingo.

POR LA SOLIDARIDAD

Nos reunimos en el espacio más solemne de la nación, ante las cenizas, la memoria, el ejemplo, la representación misma del sacrificio de la patria, por la patria, en el Altar de la Patria.

Venimos en peregrinación por un valor humano esencial, la solidaridad. Nuestro Apóstol, Juan Pablo Duarte, recibió en su tiempo la solidaridad cuando tuvo que partir al exilio, tanto por la persecución del gobierno de ocupación como por Pedro Santana; recibió la solidaridad en Hamburgo (Alemania) como en Venezuela, Perú y otras islas del caribe.

Los dominicanos que tuvieron que partir al exilio durante la tiranía de Trujillo (Bosch, Juan Isidro, Juancito Rodríguez, Pedro Mir, Pericles Franco, Mauricio Báez y decenas de patriotas) encontraron la más cálida e incondicional solidaridad en Cuba, México, Costa Rica, Guatemala y otros pueblos del continente. Igual en los duros doce años de la dictadura ilustrada de Balaguer.

Nuestro pueblo ha sido solidario siempre, la que se inicia con Hatuey, sigue con Máximo Gómez y decenas de compatriotas que lo acompañan en la gesta por la independencia de Cuba, pero igual recordemos a uno de los hijos más abnegado de la patria: Don Gregorio Urbano Gilbert (quien resistió a los ocupantes de la patria en el 1916, que luego marchó a Nicaragua para reunirse con Sandino y allí seguir luchando contra los intervensionistas y que en el año de 1965 resistió nuevamente la intervención de su patria, y siempre eran los mismos Yanquis).

E igual, nuestro pueblo, siempre que ha necesitado la solidaridad la ha recibido; la voz más alta de América se levantó por Santo Domingo, la de Pablo Neruda.

Recordemos nuestros cinco presos en Colombia del 1992 al 1996, Fidel Santana, Guillermo Brea, Germania, el Ciego y Manuel Terrero, solo la solidaridad nos los devolvió.

Nada mejor y más significativo que venir a este sacro lugar un día como hoy, 12 de septiembre, que se cumplen 10 años de injusticias, de torturas, de abusos, de intolerancia, de chantajes, de ensañamientos, de mentiras, de violación de los más elementales principios del derecho positivo, del derecho internacional, de la constitución norteamericana, 10 años de imposición de la política en la justicia en la mal llamada primera democracia occidental, son 10 años de injustificado encarcelamiento de René, Antonio, Gerardo, Fernando y Ramón por un solo delito: ser dignos hijos de su patria.

Nuestra presencia aquí, entonces, es de solidaridad con los Cinco y de protesta contra la injusticia que se comete.

Nuestra presencia aquí es una expresión duartiana de ser solidario, “sed justos, lo primero, si queréis ser felices!”.

El mundo no debe estar tranquilo mientras estos Cinco patriotas cubanos no vuelvan a ver el sol de su tierra.

La injusticia contra un ser humano, es injusticia contra la humanidad y contra ella debemos rebelarnos.


No hay democracia y no puede haberla jamás, allí donde no impere la justicia, el respeto a los derechos esenciales del ser humano.

La presencia nuestra ante los padres de la patria es de compromiso con la justicia y la causa de los Cinco, es decir que cada día debemos redoblar los esfuerzos en el reclamo de su libertad, en la denuncia consecuente de la injusticia que se comete.

Debemos hacer conciencia de algo, se ha ido agotando la necesaria vía judicial en la defensa de los Cinco, pero siempre hemos visto como camino fundamental en esta lucha la política, la denuncia permanente y multiplicada.

Hay que hacer conciencia de que los Estados Unidos solo liberarán a los Cinco cuando estos hagan más ruido, cuando sean más insoportables fuera de la cárcel que en ella. Es decir, cuando nuestras voces sigan uniéndose a millones y millones de voces en el mundo, cuando los medios de información tengan que opinar a favor de la causa de los Cinco, cuando tomemos las calles en el planeta, entonces tendrán que ponerlos en libertad.

En esta injusticia hay mucho de estupidez, pues la injusticia arrincona a quien es injusto, no al contrario.

Hoy miles de voces autorizadas, moral e intelectualmente, se han sumado a este reclamo, y este reclamo conlleva una actitud seria de cuestionamientos a los Estados Unidos, porque se trata de una injusticia que no tiene la más mínima justificación.

Este movimiento mundial por la libertad de los Cinco, que mueve de hecho una opinión adversa a los Estados Unidos es solo producto del hecho mismo de la injusticia. Y ellos no se dan cuenta. O simplemente no hacen caso porque se sienten ser dueños del mundo o la policía del mundo. Y ni son dueños del mundo ni pueden ser la policía del mundo.

Son los principales terroristas que conoce la humanidad, Estados Unidos es el principal Estado terrorista del mundo y como tal no tiene moral ni calidad para, primero, acusar a nadie de terrorista, y segundo, para juzgar a nadie por terrorismo.

Así que debemos redoblar los esfuerzos en la denuncia permanente sobre el caso de los Cinco, por apartada que sea una comunidad, por pequeña, no importa, allí hay que llevar el mensaje sobre esta injusticia. Multipliquemos nuestras voces y nuestra protesta.

La solidaridad es un principio fundamental en el camino de la civilización de la humanidad, es un valor intangible que nos hace diferente a los buenos de los malos. Lo bueno sería que todos los seres humanos seamos buenos, pero es mucho pedir. Sigamos siendo buenos, enfrentando a los malos.

Los Cinco deben volver a casa.

Santo Domingo, D. N.
12 de septiembre 2008.

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